Nunca debí haber montado a mi novia…!
Y sobre todo, nunca debí haberla invitado a dar una vuelta en mi moto.
El primer día que la Naty vino a darse un paseo le advertí de como debía comportarse un buen copiloto.
Agárrate fuerte a mí…., sigue los movimientos que yo haga o quédate como un palo, pero no hagas ningún gesto brusco cuando acueste la moto, ni te asustes. Lleva los pies bien fijos en los reposapies y no te eches encima cuando frene.
Si te sientes mal, me das un toque en la espalda y paro. Lleva la visera bajada y no te tragaras los mosquitos.
Pero no me hizo caso. En la primera salida no se agarro a mi, sino a los soportes de las alforjas. A la primera arrancada note un alivio en la suspensión trasera al que no di importancia.
Unos kilómetros más adelante note que la Naty no me acompañaba. Di la vuelta y me la encontré en un charco de sangre. Tardo dos semanas de hospital en recuperarse del traumatismo, pero tengo que reconocer que la nena era valiente.
A la semana de darle el alta volvimos a intentarlo. Esta vez se agarró con fuerza a los michelines. Rodamos alegremente durante horas y cuando al regresar vi su cara me espanté. Estaba pálida, con la mirada perdida en el infinito, su pelo, antes rubio ahora era blanco como la tiza y, presa de una extraña locura, solo era capaz de murmurar frases incongruentes como :"El camión, no, no.! ?...La curva se cierra…! ? Vamos a morir…!", y barbaridades por el estilo.
Pero, el que peor librado salió aquel dia fui yo…., me había clavado las uñas en las mollejas, traspasándolas con tal fuerza que me brotaba sangre y requerí de asistencia medica.
Unos días más tarde probamos a repetir la experiencia. Ella había tomado una caja entera de aguardiente Antioqueño (el de mi tierra) y su rostro reflejaba una tranquilidad celestial. Arranque delicadamente y en veinte kilómetros todo iba como la seda pero en una curva cerrada, tal vez me confié excesivamente.
Tuve que clavar los frenos para evitar el accidente. Solo entonces la ví…
La ví pasar por encima de mí, describiendo una trayectoria parabólica perfecta hasta incrustarse con un poderoso estruendo en el guardarrail.
Que fabulosamente bien hacen los cascos hoy en DIA…! Perforo el metal como un misil.
!Y que manes abnegados los bomberos! ! Cómo forcejearon para sacarla de allí..!.
Los tres meses en el hospital pasaron volando.
Yo creo que cuando le propuse el siguiente paseo, ella ya no era consciente del todo, pero así y todo, aceptó. Cuando se subió a la motocicleta me pareció sentir que estaba temblando y como que murmuraba una oración o algo así...
!Que teatreras son las mujeres!
En las rectas de la general todo fue bien, pero al subir la primera cumbre y llegar a la primera curva junto al precipicio se asusto. La muy boba, dio una especie de brinco que me desestabilizo y a duras penas conseguí no caer. Ella no se mantuvo tan bien y salió despedida de costado.
Nunca he visto a nadie dar tantas volteretas. Rodó haciendo rollos por la escarpada pendiente hasta que se escucho un CROCK y se detuvo en el fondo...
La verdad es que los del helicóptero de rescate fueron unos duros sacándola de allí abajo.
Aguante un año con ella en el hospital, sin ponerle los cuernos ni nada y todavía cuando salió, la muy asquerosa me decía que no quería mucho lo de la moto.
Logre convencerla para una excursión por la costa. El viaje fue perfecto hasta que comencé a notar un olorcillo como a quemado. Me detuve en la cuneta para revisar la moto pensando que sería un fallo del sistema eléctrico o que habíamos recalentado el freno, pero nada…
Revise la moto concienzudamente, pero allí no se veía ningún daño...
Entonces mire a la Naty y me di cuenta del problema…! Si seria estúpida la nena que, de puro miedo, en vez de poner los piés en los reposapiés, se había enganchado una pierna en el escape! La piel quemada se había quedado pegada al tubo y ella, del pánico, ni sentia el dolor. Lo que me costó desincrustar toda aquella carne churruscada!.
Es increíble las maravillas que hacen hoy en DÍA con la ortopedia. Cuando le miraba las piernas a mi nena, no sabría decir cual me gustaba más, si la de plástico o la otra…
Sin apenas resistencia por su parte, accedió a una nueva salida en moto. Solo habíamos hecho unos kilómetros y cuatro curvas, cuando sin ningún motivo aparente, va y me vomita. Mi chaqueta perdida y la moto hecha un asco. Ya no pude aguantarlo más, se lo dije a la cara:
Mira nena! Ya esta bien…! Si no te sabes comportar en moto, te buscas otro idiota que te aguante, que a mí ya me has hartado.
La muy cursi se echo a llorar…! Mujeres…!
¿Quién las entiende?...!
AUTOR ANÓNIMO... ESAS COSAS QUE SE ENCUENTRA UNO POR AHÍ...












